El vestido de novia
"No se trata del vestido, sino de la historia que empieza cuando te lo pones"
¿Os creíais que os iba a enseñar ya mi vestido de novia? Pues ¡no! =)
A lo largo de los siglos, el vestido de novia ha sido mucho más que una simple prenda. Este atuendo era y es el espejo de las costumbres, los valores y los sueños de cada época; además de una parte de la historia de la mujer y de la sociedad que la rodea.
En la Antigüedad, las novias no vestían de blanco. En Roma, por ejemplo, el color nupcial era el amarillo, símbolo de la luz y de la prosperidad del hogar. En Grecia, en cambio, las mujeres se adornaban con coronas de flores y túnicas bordadas; y en la China imperial, el rojo (emblema de fortuna y felicidad) era el tono de las uniones sagradas.
Durante la Edad Media y el Renacimiento, el matrimonio era un acto social y político, por lo que el vestido nupcial era más una muestra de estatus. Así pues, las novias de la nobleza vestían telas ricas en seda, terciopelo y brocado, adornadas con piedras preciosas y bordados de oro. Por el contrario, las mujeres del pueblo se casaban con su mejor vestido, cualquiera que fuera su color. Por lo tanto, hasta ese momento, el vestido no representaba pureza ni romanticismo, como se piensa hoy en día, sino poder y linaje.
El color blanco, actualmente tan asociado al matrimonio, realmente se consagró como color nupcial en 1840, cuando la reina Victoria de Inglaterra contrajo matrimonio con el príncipe Alberto. Su elección de un vestido blanco de satén y encaje fue, en su tiempo, considerada audaz, al mismo tiempo que un gesto de modernidad y sencillez, que hizo que aquella imagen recorriese Europa. De este modo, aquel vestido marcó el comienzo de una tradición que pronto se extendió por toda Europa y el mundo occidental y estableció un nuevo canon: el del blanco como símbolo de pureza, inocencia y esperanza.

Durante el siglo XX, el vestido de novia se transformó al compás de la moda. Las líneas rectas de los años veinte, los volúmenes románticos de la posguerra y la elegancia minimalista de finales de siglo reflejaron los cambios culturales y estéticos de cada generación.
Hoy, el vestido de novia es un reflejo de la personalidad de cada mujer. Puede ser blanco, pero también rosa, azul, color champán o incluso negro. Puede tener encajes antiguos o líneas modernas; puede ser un homenaje a la tradición o una declaración de libertad. Lo importante ya no es seguir una norma, sino contar una historia: la historia de quien lo lleva y del amor que la inspira.
Así, el vestido de novia ha pasado de ser un símbolo social a convertirse en una expresión íntima. En cada boda, hay un hilo invisible que une a todas las novias del pasado con las del presente: la ilusión de empezar un camino junto a la persona que ha escogido a su lado.
Y es que, al final, más allá de la seda, del tul o del encaje; cada vestido de novia guarda lo mismo: el temblor de un "sí quiero" que inaugura la eternidad.
¿Cuánto conoces a la novia?
Rocío, la novia de esta historia.... ¿Irá de blanco?, con estilo... ¿moderno, tradicional, elegante, clásico, original, romántico, bohemio, vintage, rústico... de princesa de cuento?
¿Te animas a intentar averiguar cómo será el vestido de la novia? ¡La persona que más se acerque al real conseguirá un premio con mucho amor por parte de los novios!
Dándole click a la imagen puedes descargártela y empezar a dibujar. Luego, envíasela a la novia por correo: rociosgm92@gmail.com
¿Serás la afortunada o el afortunado? ¡Lo sabrás el día de la boda!

